¿Qué significa realmente que un café sea “de especialidad”?

La etiqueta “de especialidad” aparece en cada vez más bolsas y cafeterías, pero pocos saben qué hay detrás. No es una frase publicitaria: es un puntaje con casi medio siglo de historia y un método internacional que lo respalda.

“De especialidad” no es una etiqueta de marketing. Es un puntaje, y tiene casi medio siglo de historia detrás.

El término nació en 1974, cuando Erna Knutsen lo usó por primera vez para nombrar los cafés cultivados en microclimas particulares, con perfiles de sabor únicos y de mayor calidad. Diez años después, en 1984, Ted Lingle ordenó por primera vez cómo catar café de forma seria y sistemática; hasta entonces, evaluar una taza era casi cuestión de gusto personal. Finalmente, en 2004, la Asociación de Cafés de Especialidad de Estados Unidos llevó ese método a un sistema de 100 puntos, inspirado en la forma en que se evalúa el vino.

De ahí viene la regla que hoy usa toda la industria: un café que alcanza 80 puntos o más en la ficha de catación es café de especialidad. Por debajo de ese umbral, se considera café comercial.

Ese número no es una opinión, es el resultado de un método. Un panel de catadores certificados prueba el café y lo califica midiendo atributos concretos: aroma, acidez, cuerpo, dulzor y la presencia o ausencia de defectos. Cada uno de esos elementos suma o resta en la calificación final.

Por eso, cuando vea “café de especialidad” en una bolsa, ya sabe qué hay detrás: no es una palabra bonita, es un estándar internacional que mide la calidad de la taza.